En su origen etimológico (del griego antiguo ἰΓιĻĻĪ·Ļ, idiÅtÄs), la palabra idiota definĆa precisamente a la persona que se desentendĆa de la cosa pĆŗblica y del interĆ©s comĆŗn para ocuparse Ćŗnicamente de sus asuntos privados o particulares.
Hay declaraciones que envejecen mal al pronunciarse. Otras consiguen algo peor: convertirse en una burla frente a la realidad que deberĆa administrar quien las dice.
MartĆn Marinucci entregó una de esas piezas memorables. Mientras Marcos Paz, Las Heras y Navarro enfrentan la posibilidad real y certera de perder una conexión clave, el ministro destacó las virtudes de Metropol, justamente la empresa que solicitó eliminar la traza.
El dirigente del Frente Renovador, espacio que aquĆ tiene como referente a la diputada nacional Marina Salzmann, puso "en valor" la capacidad empresarial para trasladar trabajadores.
La frase parecerĆa razonable, hasta que uno levanta la vista y observa quĆ© ocurre realmente sobre el territorio.
Metropol es la estructura corporativa detrÔs de una drÔstica reducción de servicios que deja a miles de vecinos aislados.
La postura del ministro resulta tan escandalosa que cuesta imaginar que nadie en el Ministerio haya levantado la ceja antes de difundir semejante razonamiento.
Que los colectivos llevan gente lo sabe cualquiera.
Parece que Marinucci se dio cuenta ahora. Lo que el ministro parece desconocer, o no importarle, es que la empresa a la que elogió al punto del orgasmo es la misma que en los últimos años viene estirando las frecuencias, eliminando servicios, ausentÔndose durante las noches, abandonando pasajeros en las paradas y ahora, una vez vaciado el recorrido, solicita su desaparición.
El aspirante a intendente de Morón (pobres vecinos) deberĆa explicar algo infinitamente mĆ”s importante: quĆ© hace su cartera cuando una empresa estratĆ©gica decide abandonar trazas enteras en determinados municipios.
AhĆ desaparece la propaganda y empieza la responsabilidad pĆŗblica.
Resulta insólito que un funcionario construya la defensa de una compaƱĆa destacando lo que hace bien, mientras oculta el daƱo flagrante que ejecuta al mismo tiempo.
Si una empresa atiende grandes corredores, pero mutila la conectividad de pueblos enteros, el ministro estĆ” obligado a dar explicaciones por ambas realidades.
No alcanza con exhibir la foto conveniente y esconder la mugre bajo la alfombra. Eso no es gestionar el transporte; es hacerle prensa gratis a una corporación.
Da la sensación de que el titular de la cartera de Transporte bonaerense confundió la investidura ministerial con la gerencia de relaciones públicas.
Un funcionario jamÔs debe enumerar los logros de un privado mientras esa misma firma recorta frecuencias y destruye la conectividad de comunidades históricas.
Su obligación era exigir explicaciones, garantizar alternativas y defender al usuario. Especialmente a quienes no habitan los trayectos mÔs rentables del sistema.
Marcos Paz, Las Heras y Navarro no necesitan clases de contabilidad empresarial. Necesitan saber quiƩn garantizarƔ sus viajes cuando la traza deje de ser negocio.
La empresa defiende su rentabilidad económica porque es su naturaleza. El Estado, en cambio, no puede razonar con la misma planilla mercantilista, sobre todo cuando se afirma que no puede estar ausente.
Si el Gobierno actĆŗa como un contador privado, convierte al vecino en un costo prescindible frente al balance financiero de la concesionaria.
AhĆ radica la estupidez de Marinucci: elogiar el rol social de Metropol cuando esa importancia deberĆa servir para exigirle mayor rigor operativo.
A mayor impacto en la vida diaria, mayor debe ser la exigencia estatal. No parece un concepto demasiado difĆcil de asimilar para una conducción polĆtica.
Si una prestadora de agua cortara el servicio a tres pueblos, ningĆŗn funcionario cuerdo la elogiarĆa por abastecer a otros distritos. Con el colectivo pasa lo mismo.
El tamaƱo corporativo no otorga impunidad ni coloca a nadie por encima del Estado. La influencia social exige compromisos indiscutibles con cada ruta otorgada.
La frase del ministro no fue un simple error de tipeo. Revela una prioridad clara: primero la empresa, luego los nĆŗmeros y, al final, los pasajeros.
Los pasajeros deben ser el principio de toda polĆtica pĆŗblica de quien ocupe la cartera de Transporte.
El ministro asume que nombrar a los trabajadores otorga impunidad retórica a Metropol. Como si la palabra fuera un salvoconducto para encubrir cualquier atropello.
Los trabajadores tambiĆ©n viven en Marcos Paz, Las Heras y Navarro. Ellos necesitan desesperadamente las lĆneas que la empresa pretende abandonar impunemente.
Si le importaran los trabajadores, le preocuparĆa el aislamiento de tres pueblos donde la gente debe viajar para producir, estudiar o atender su salud.
La gestión pública consiste en hacerse cargo del impacto real sobre la gente. Cuando una traza desaparece, las consecuencias no son números abstractos.
Son vecinos perdiendo empleos por falta de viaje, estudiantes varados en las paradas y pacientes buscando traslados costosos para recibir atención médica.
Son municipios enteros empujados al abandono por la inacción oficial.
Corresponde formular la pregunta incómoda: ¿para quiĆ©n trabaja realmente el ministro de Transporte bonaerense en esta crisis?
Si responde que para la gente, deberĆa escuchar a los usuarios abandonados. Si dice que para el sistema, debe explicar esta sumisión ante la empresa.


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