En silencio, sin consulta previa y a espaldas de la comunidad, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires anunció el traslado de los presos de la cĆ”rcel de Devoto a la nueva penitenciarĆa federal que se construye en Marcos Paz. Una decisión que beneficia a la Capital “Federal”, pero que vuelve a cargar sobre nuestro pueblo un problema que no generó.
El acuerdo fue presentado como un “hito” por las autoridades porteƱas, aunque para los vecinos de Marcos Paz significa exactamente lo contrario: mĆ”s presión sobre una zona que ya convive con dos cĆ”rceles y con serios problemas de seguridad que nunca fueron resueltos.
Según lo anunciado, la nueva prisión tendrÔ capacidad para 2.240 detenidos, lo que permitirÔ avanzar con el cierre de la cÔrcel de Villa Devoto. En otras palabras, la Ciudad se libera de una cÔrcel histórica mientras las consecuencias se trasladan, sin anestesia, al conurbano profundo.
El convenio fue firmado entre la ministra de Seguridad de la Nación, Alejandra Monteoliva, y el ministro de Seguridad porteño, Horacio Jiménez. Ninguno de los dos consideró necesario explicar cómo impactarÔ esta decisión en la vida cotidiana de Marcos Paz, ni qué medidas concretas se tomarÔn para reforzar la seguridad local.
MĆ”s claro aĆŗn fue el propio Waldo Wolff, quien reconoció pĆŗblicamente que con este traslado “los porteƱos se sacan un problema de encima”. La frase, dicha sin pudor en el Canal de la Ciudad, deja en evidencia lo que muchos vecinos sienten: el problema no desaparece, se lo tiran a otro.
La nueva cĆ”rcel, cuya inauguración estĆ” prevista para el primer cuatrimestre del aƱo, serĆ” transferida a la órbita del Servicio Penitenciario Federal. El complejo contarĆ” con cuatro unidades, sectores administrativos, Ć”reas de salud, educación, talleres y espacios de visitas. Infraestructura moderna, sĆ; impacto territorial, tambiĆ©n.
Las obras, que estuvieron paralizadas durante cinco años, fueron reactivadas en diciembre de 2024. Desde entonces, todo avanzó sin debate público, sin audiencias, sin explicaciones claras para quienes deberÔn convivir con una nueva unidad penitenciaria a pocos metros de sus casas.
Mientras la Ciudad celebra el cierre de Devoto y se saca de encima el hacinamiento carcelario, Marcos Paz suma una nueva carga a una realidad ya compleja. A los problemas de inseguridad existentes, ahora habrĆ” que agregarle los riesgos, tensiones y consecuencias que trae aparejada la cercanĆa de otra cĆ”rcel.
Una vez mÔs, la Capital Federal decide y el interior paga. Una vez mÔs, los vecinos de Marcos Paz quedan relegados, ignorados y expuestos. Porque cuando se trata de cÔrceles, el problema nunca desaparece: simplemente cambia de dirección.



No hay comentarios:
Publicar un comentario