Un nuevo hecho delictivo volvió a sacudir a Marcos Paz. En esta oportunidad, la vĆctima fue Raymundo Goyanes y su familia, quienes sufrieron un robo en su vivienda.
Si bien no trascendieron demasiados datos ni precisiones sobre cómo ocurrió el hecho, se confirmó que las personas afectadas se encuentran en buen estado y que, afortunadamente, “solo fue el susto”.
MƔs allƔ de este dato, el episodio vuelve a dejar al descubierto una problemƔtica que se repite y se agrava: la inseguridad y la falta de respuestas concretas por parte de los funcionarios responsables del Ɣrea.
Los robos a casas, comercios y vehĆculos se multiplican, mientras que son pocos los casos que logran esclarecerse y raramente se da con los autores de los delitos.
La presencia policial en las calles del distrito es escasa y prÔcticamente inexistente en muchos barrios. Marcos Paz parece reaccionar únicamente cuando los hechos ocurren en el centro de la ciudad, mientras que las zonas periféricas soportan de manera cotidiana los mayores niveles de inseguridad y abandono.
A este escenario se suma la falta de información y de conducción visible. No se conoce pĆŗblicamente ni el nombre ni la cara del titular de la comisarĆa local, y desde la SecretarĆa de Seguridad la comunicación oficial suele limitarse a la difusión semanal de los controles de alcoholemia. El resto de los hechos, una y otra vez, queda reducido a la frase: “se sigue investigando”.
Mientras tanto, los robos continúan. Las cÔmaras de seguridad no parecen cumplir un rol efectivo en la prevención ni en el esclarecimiento de los delitos, y se han registrado incluso situaciones llamativas, como móviles policiales que colisionan entre sà durante persecuciones.
El robo sufrido por Raymundo Goyanes y su familia no es un caso aislado, sino una nueva muestra de una problemƔtica estructural que afecta a la comunidad y que, hasta ahora, no encuentra respuestas acordes a su gravedad.



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